Vivir sin vivir: cuando el alma se queda en el día que se fue

Vivir sin vivir: cuando el alma se queda en el día que se fue

A veces me siento vacía.
Como si todo el amor que un día tuve para dar, te lo hubieras llevado contigo.
Camino, pero no siento, respiro, pero no vivo, cumplo con mis responsabilidades, pero es como si lo hiciera en automático, por inercia…. Como quien se mueve en medio de una niebla densa que no deja ver el sol.

No siento dolor físico, es algo más profundo, es un vacío que no se toca, pero pesa.
Es una ausencia que habita cada rincón de mi pecho, y que me recuerda, a cada instante, que mi vida se quedó detenida en el día en que te fuiste.

A veces cierro los ojos y creo sentirte cerca, por un momento, mi alma se ilusiona…
pienso que te voy a volver a ver, que vas a aparecer, que todo ha sido un mal sueño.
Pero abro los ojos… y no estás, el mundo sigue igual, sin ti.
Y yo sigo aquí, deseando ese anhelado día en que pueda encontrarte otra vez.

Sé que debería tener motivos para seguir…y los tengo: mi hijo, mis responsabilidades, mi vida, pero hay días en los que solo me muevo, sin ganas, sin rumbo, sin ilusión.
Hay días en los que solo sobrevivo.

Le tengo miedo al futuro, a lo que venga, al tiempo que falta, a la idea de seguir tanto sin ti,
a dejar a mi hijo solo cuando llegue mi momento, pero hay momentos y lo confieso con el alma, en que ese encuentro contigo es lo único que deseo. Y me duele desearlo, me asusta sentirlo, pero es la verdad más honesta que habita mi pecho.

Puede que esté viviendo una depresión reactiva, esa que llega cuando la vida se rompe en dos y el corazón no encuentra manera de armarse de nuevo, lloro sin cesar, pero sigo funcionando, trabajo, sonrío, cumplo… pero dentro de mí hay una tormenta que no cesa.

No sé si refugiarme en las tareas me salva o me esconde, solo sé que mi alma se quedó en el día que te fuiste. Y aunque el mundo me vea fuerte, por dentro sigo rota, anhelando un abrazo que no vuelve, esperando una señal que me devuelva el sentido, buscando un poco de luz en medio de esta oscuridad que duele tanto.


Si te quedaste a leer esto y te sientes igual, quiero que sepas que no estás solo.
Este vacío, esta confusión, este cansancio del alma, no es debilidad: es amor transformado en dolor, busca ayuda, abraza tu duelo, y no te culpes por sentir.
Estamos caminando juntos este camino invisible entre la tierra y el cielo.

Con amor Vivi

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La partida de mi hija transformó para siempre mi vida. Ese dolor me mostró que incluso en la oscuridad más profunda puede nacer una luz, una esperanza que se comparte con quienes también atraviesan pérdidas. Desde ese llamado del corazón nació la Fundación Vida Mía, un espacio para acompañar, sostener y devolver sentido a la vida de las personas y familias que enfrentan duelos, y también para inspirar a las organizaciones a poner el bienestar humano en el centro.

Soy psicóloga, máster en Dirección de Recursos Humanos y coach de felicidad, con experiencia en el diseño de programas de bienestar laboral, procesos de formación y acompañamiento emocional. Mi propósito es unir lo personal y lo profesional para crear caminos de resiliencia: apoyar a quienes han perdido un ser querido o un empleo, a las empresas que buscan crecer con propósito y a las comunidades que necesitan inclusión y esperanza.

Creo que del dolor puede brotar la fuerza y que, a través de la solidaridad y el amor, podemos transformar las ausencias en huellas que si gana dando vida.